No sabía por donde empezar, hace algunos meses atrás, o ayer cuando desperté después de un sueño rarísimo, en donde brotaba de mi boca una materia verde y blanca que me atragantaba hasta el ahogarme.
Cogí mi celular, vi la hora, despertaba el sábado. En cierta forma tan igual como siempre, con muchas ganas de encontrarme con ella, buscarla, que se ponga el babydoll negro que le regalé que se unte con esas cremas con sabores de Victoria Secret y me espere recostada en esa misma cama donde ya antes habíamos hecho el amor. Ayer nos habíamos mandado mensajes calentones, la típica, -te quiero hacer esto. –Quiero que te pongas así o asá. Hoy la llamé por teléfono, no hubo respuesta, lo volví a hacer, igual… Me contestó, estaba de viaje, había tomado un vuelo pagado por él, para ir tras él, para hacer lo mismo que hacía conmigo, se había ido a la selva, Mesalina, cerré los ojos, quería morirme, quería matarme, quería viajar y zamparle un buen puñete en la cara a ambos, por pendejos, POR PUTA.
Me invitó a comer un amigo, miraba el parque frente a su casa en Pueblo Libre y era como siempre gris, como toda Lima, con los niñitos jugando pelota tan solos y felices mientras se calaba el asomo de la noche. Ese momento justo del día donde te imaginas, qué estará haciendo ella con otro, en medio del ocaso oriental, cuando empieza a correr el vientecillo húmedo, escuchando las cumbias que vienen de radios lejanas y viejas, con una cerveza bien heladita, de botella marrón con seiscientos veinte mililitros de agua amarilla y espumosa como orines, que vas brindando como si descubrieras la vida y te ilusionas, de todos esos segundos mágicos del entorno, encima de un muellecito de madera sobre el río. Me voy dando cuenta que pasan los minutos y de repente ella cenó, rió, se enamoró, habrá dicho “¿De verdad?”, con la mirada ilusa de conquistada, ante las palabras cliché que un hombre pronuncia para encamarse con una mujer, follarla, tirarla, usarla y de pronto se me acaba la Cocacola helada, se hizo de noche.
Nos llamó otro amigo, para salir, nos vino a recoger en su auto, agarramos La Universitaria y nos dirigimos al club, donde siempre me había divertido con esta maldita Mesalina y mientras llegaba a Breña, fumaba un cigarrillo Winston y recordaba cuando estuve en Colombia, en Bogotá, había sentido lo mismo, que siempre fui un mal enamorado, que siempre me dejaron, por posesivo y celoso, deambulaba por las calles de Madrid Cundinamarca a dos horas de la capital, ebrio de Néctar llorando como una Magdalena por la soledad, esa soledad tangible de García Márquez. En medio de la noche, el frío siempre ha sido el acompañante de mi aislamiento, la sierra Colombiana hizo que se me congelaran los huesos y el alma también, tomé un taxi y llegué a un lugar donde conocí a Michelle, la mujer mas bella del mundo, tenia puesta la ropa interior diminuta, medía cerca de un metro con setenta centímetros, los tacos la colocaban a mi altura, quedamos en treintaicinco mil pesos, cogí la cajita del néctar, también la de Piel Roja y subimos a un cuarto, las camas eran humildes, cuando volteé ella ya estaba desnuda, la recosté en la cama y me acomodé sobre ella, la respiré, le besé el cuello y las tetas, bebí néctar que goteé en su cuerpo, con mis manos cogí los bordes de sus caderas de putita linda, buena, de culo dócil, caña de azúcar y arequipe, me perdí en su maternal cuerpo de veinte años, en su acento tropical.
En mi eyacular tardío, nunca dejó que la besara, se lo agradezco, me dio cariño, que poco macho me sentí, mejor dicho un niño, acurrucado en unas soberanas carnes de meretriz colombiana, convertida en princesa, una ninfa ladrona de malos recuerdos, una mujer que me acarició las mejillas a pesar de que la media hora ya se había acabado, me acarició con la verdad.
Llegué al hospicio donde dormía, una chacra con enormes pastizales, penetraba en la cama de sábanas heladas y se calmaba mi cuerpo flagelado por las lágrimas de rencor, perfume barato de mujer, por la tristeza, por las bachaticas lejanas del guardián que me ubicaban en miles de sitios del Caribe, como quería que las lágrimas sean calmas, por cabellos reacondicionados con Bonawell… calló la ultima ceniza por fuera de la ventana del auto. Llegamos.
Nunca vi un ambiente mas desolado, la peña famosa de interminables farras, estaba cubierta de un luto que tocaba con su inercia a los visitantes, había muerto la homenajeada de la noche, con un paro cardiaco después de un ensayo en su casa, era una serie de eventos inesperados, como la película, dije para mí mismo, qué desastre, qué es lo que sucede, todo el mundo se decidió colocar piedritas en mi camino. Entramos comimos, no quise esperar que llegara la difunta, siempre me han asustado, nos fuimos.
Ahora el camino nos llevaba por donde los vientos nos dirigieran, eran casi las once de la noche, existían dos posibilidades que ella estuviera bailando música de Néctar, o el Grupo 5, tomando una piña colada con ron de quinta, o un Apple Martini, en la discoteca de moda, en medio de gente cojuda, en donde seguramente ya pensabas estar cuando te llamé y me dijiste que la pasarías muy bien con una ironía despectiva, que ya alguna vez había escuchado, era ese, el mismo tono que usabas cuando te llamaban otros cuando estabas a mi lado, el mismo carácter que utilizabas con tu ex cuando empezabas a salir conmigo y él te llamaba mientras caminábamos por la avenida de La Marina y el auricular del teléfono vomitaba ruiditos de tambor, que resonaban como animales locos copulando, la otra opción es que ya te hubieras acostado con él y a estas horas ya recostadita, fumándote un puchito y conversando, creyéndote el cuento de que eres su reina, que te ama, que te adora y que no ha conocido mujer mejor que tú, se te presentara el fantasma de mi cara hinchada y colérica maldiciéndote con pensar en mí cada vez que seas penetrada, así es que casi cuando te vayas a dormir, sientas que mi cuerpo es diferente, que tdo tiene un tufo diferente.
Llegamos a la casa de un amigo en San Borja, una fiestita ponedora, bailando al ritmo del Rave, Sean Paul, Alicia Keys, cojudeces y etc. Me invitaron un whisky, con poco hielo y estuve conversando lo mismo de siempre, como le gusta a la gente las huevadas, empecé a mirar culitos encajados en esos vestidos de moda que son medios licrados en las piernas y abombachados en la cadera, en la piscina de la casa habían unos fumones que apestaban todo el lugar y como es típico le buscaban la bronca a todos, no se metían con nosotros ya que tenemos cara de más viejos, así que se hacen los locos, me encantaría que una chica se me acerque y me quiera sacar a bailar, que me seduzca, que me bese y me lleve a un hotel para tirar, pero creo que las probabilidades de satisfacer mi satiriasis con una ninfómana son prácticamente nulas, así que dejo que mi imaginación se disuelva en el humillo del hielo seco que habían puesto en la casa. Algunas vasos más y nos fuimos, prendió el carro, avanzamos tres metros, nos detuvimos para pasar un rompemuelles y ¡boooooomm! Silencio, mi cabeza se remeció hasta la guantera y tuve la sensación de que estaba en una foto, mi muerte, iría ella a mi funeral, quiénes irían, me llorarían, me imagino su cara de tarada, cuando regrese a Lima y le digan que he fallecido, de repente se le caería hasta el alma, o por el contrario el orgullo se le subiría hasta las nubes, al saber que uno más tarado que ella probablemente buscó la muerte por que lo dejaron, tuve la visión clara de la cajita con mis cenizas y alguien llorando, no sé quién, mi amigo que sentaba atrás cayó en el hueco entre los asientos de adelante y atrás, un borrachín se había estampado de hocico en el parachoque de nuestro auto y se estaba dando a la fuga con la velocidad de un bólido maltrecho que da su última carrera, tratamos de seguirlo, pero fue más rápido que nosotros, ya algo movidos nos detuvimos en un grifo para examinar si es que había un daño mayor, pero gracias a Dios solo fue un susto.
Tomamos un taxi. Volví a la casa de donde me recogieron, me preparó el sofá, abrí la ventana para que se congele la habitación y solo así con el corazón tembleque, nervioso, me quedé dormido, hasta cuando los mismos niños empezaron a jugar con sus padres en el parque…Los domingos de gracia, abro a la humedad mi rostro y muy manso, tuesto los biscochos dulces, tú estarás dormida, lejos, sucia de noche, de humo, todavía con el ruido impregnado…
Tomé desayuno, en silencio, el sol me regalaba esa paz dominical, que siempre me conjura una adiós, ya pasó la tempestad, hoy se levantará y no estará con él, ella hoy regresa a Lima.
Nos pusimos a ver televisión mi amigo y yo, me hacía reir, por ratos me olvidaba, pero por otros era más cáustica la sensación de felonía, pública, humillante, vulgar, tan simple como tú, seguro te acordarías, te lleve a tomar tu primer Moet Chandom, que gracioso, creías que era Noche Buena, cuando pedía antipasto, pensabas que era una ensalada, aprendiste, no lo sé, creo que te acostumbraste, pero no lo hiciste tuyo, no tienes crianza, allá por las lejanías de donde provienes, el hombre se une a la naturaleza tanto que se animaliza, mientras yo tan citadino, aún creyendo que sentarse a la mesa es un ritual limpio, sagrado, que un licor, no son fermentos baratos sino elixires sagrados para consagrar la cháchara. Bueno, no lo entenderías, seguramente tú te imaginas a un hombre que sea el padrino de una fiesta patronal, tomando del mismo vaso que todos, que asco.
Quedamos, en ir, tomamos un taxi, con dirección al mar, él chofer ya sabía casi en diez minutos por primera vez en mi vida me encontraba entrando a un lugar tan raro como nuevo, contenedores, pistas de arena, recovecos, de adobe, avanzamos casi diez minutos, y llegamos, en la puerta pagamos la entrada, parecía la fabrica donde torturaban gente en la película Hostel, hasta que de pronto la luz rojísima nos colmó, era inmenso, un mercado, mas de cien cuartos distribuidos en dos pisos, con bancas de cemento en el medio, muchísimos, hombres de temer, pero los veía calmos, saciados. Las putas se paraban en la puerta, con ropita interior, mostrando el culo, solo cubierto por un hilo de tela, caminábamos, fumábamos, me la imaginaba a ella, parada, con esa lencería que le traje, aromando el perfume que le regalé, siendo lamida y saboreada por una lengua lasciva por los lugares untados en su cuerpo con las cremas que yo le compré, coño!!! Que buena puta serías, te pagaría, todo lo que tengo, para follarte mil veces, pero siendo sincero, no eres ni siquiera una puta, ellas al menos cobran y son sinceras, tú eres gratuita y me mentiste.
Diana la colombiana, su cartel de papel en la puerta y ella al lado de este, con los ojazos celestes, y el cabellos oscuro, la cadera reproductora, muy curva. Le hice un gesto con la mirada entré a su cuarto, me mandó a lavarme, y secarme con una sabana colgada de un hilo, tendido, me preguntaba si así sería un suburbio en Roma o en París, cuando salí ella estaba en la cama, y yo desnudo, me dijo que me recostara, comencé a masturbarme, pero ella me detuvo, me puso un condón y me la empezó a besar, veía como se dilataba mi pene y se iba poniendo duro al ritmo de su succión, se montó y me cabalgó, me folló, gimió, fingió un orgasmo, para verme feliz, me derrumbé en sus nalgas pulposas, le confesé mis pena, le regalé mi pene y me dijo, que no tema, que no llore, que todas siempre te dejan por otro.
Todas me dejaron por otro, siempre me mintieron, ellas mi putas lindas al menos me dijeron la verdad, solo querían plata, como cualquier mujer, que no se respeta, como cualquier mujer que no miente.
ALGUNA VEZ TE PASO ALGO IGUAL???? DEJAME TU HISTORIA